Y así termina esta historia sin principio ni final, una historia que no pretende ser recordada, ni contada, ni terminada. Se trata, en fin, de una historia para el olvido, como toda historia humana, pero con la distinción de ser una historia sin autor, sin lectores, sin siquiera palabras que evidencien su existencia. Solo una cosa impide que esta historia se acabe, y es que nunca empezó; por lo tanto, no nos asustemos si esta historia aparenta ir terminando cuando ni siquiera ha empezado; tampoco caigamos en la desesperación de pensar que esta historia no se repite. Me refiero a la historia que les estoy contando, es decir, a la historia que ustedes están leyendo y van olvidando en la medida en que siguen leyendo. Como puede verse, a lo largo de esta historia no hay nada, pero eso no tiene la menor importancia, así como no tiene la menor importancia que ustedes la sigan leyendo. Después de todo, solo un hecho es notable a lo largo de toda esta historia: y es que ha conseguido arrebatar unos segundos de su atención, lo cual, tratándose de una historia que nada cuenta, es un hecho histórico.
Ideas fijas, ¿qué son las ideas fijas? Son ideas que llegan para quedarse, para transformar a quien las padece. Se adhieren como garrapatas al sistema nervioso, succionan preocupación, ansiedad, energía vital. Pero son igual de necesarias que las ideas que llegan y se van tan pronto como aterrizan en nuestra cabeza. Una idea fija siempre llega con un propósito: detrás de toda idea fija hay una enseñanza, no solo una preocupación. Las obsesiones son vitales. Pueden quitarte la vida, o darle propósito a tu angustia. Ahora que lo pienso, si yo no fuera una persona obsesiva, no seguiría vivo. Estaría enterrado con todo y mi apatía. Es porque me importa el mundo que me obsesiona el mundo. El secreto está en dónde dirigir la obsesión. Si me obsesiono con la muerte, viviré de espaldas al presente, no aceptaré el mundo tal y como me ha sido dado. La muerte del cuerpo llega con la vejez, pero la muerte espiritual es más atroz, porque no necesita envejecer para suceder. El espíritu es mucho más ...
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