Y así termina esta historia sin principio ni final, una historia que no pretende ser recordada, ni contada, ni terminada. Se trata, en fin, de una historia para el olvido, como toda historia humana, pero con la distinción de ser una historia sin autor, sin lectores, sin siquiera palabras que evidencien su existencia. Solo una cosa impide que esta historia se acabe, y es que nunca empezó; por lo tanto, no nos asustemos si esta historia aparenta ir terminando cuando ni siquiera ha empezado; tampoco caigamos en la desesperación de pensar que esta historia no se repite. Me refiero a la historia que les estoy contando, es decir, a la historia que ustedes están leyendo y van olvidando en la medida en que siguen leyendo. Como puede verse, a lo largo de esta historia no hay nada, pero eso no tiene la menor importancia, así como no tiene la menor importancia que ustedes la sigan leyendo. Después de todo, solo un hecho es notable a lo largo de toda esta historia: y es que ha conseguido arrebatar unos segundos de su atención, lo cual, tratándose de una historia que nada cuenta, es un hecho histórico.

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