Hoy decidí empezar un blog. ¿Cuál es el propósito? Ninguno. La idea es escribir por escribir como quien camina simplemente guiado por la necesidad de desplazarse en el espacio. En la vida uno no puedo planificarlo todo. Intentaré editar lo más que pueda cada entrada, pero no me exigiré demasiado. Después de todo, ¿quién soy yo para exigirse tanto? No tengo vocación de santo, ni de mártir, ni de gurú espiritual. Ahora que lo recuerdo, esta semana estuve leyendo a César Vallejo: él sí que fue un gurú espiritual, o por lo menos un místico. Nació en Perú, murió en París, inventó la palabra Trilce, supo de la miseria económica desde joven, tenía una obsesión con la muerte, era lector devoto de Darío, y supongo que verlo sonreír era un lujo, pero escribió versos que resuenan en mi interior con una fuerza casi volcánica: "Murió mi eternidad -dice en uno de sus poemas- y estoy velándola". Después de una línea así no es fácil seguir con la vida como si nada. Murió mi eternidad... y estoy velándola. ¿Qué puede ser más trágico que la violencia de las horas? ¿Existe la "eternidad personal"? Solo sé que cuando leo a Vallejo el tiempo no pasa, las metáforas se aglutinan en mi mente como un ejército de caricias atormentadas, me suspendo.

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