Otro año que se va. Y sigo aquí, con mi mal humor cotidiano. Esperando que caiga un meteorito sobre la faz de la Tierra. ¿De dónde vienen esos deseos míos por ver que el mundo se acabe? Seguramente son impulsos infantiles. Todo sucederá en su debido tiempo. No hay prisa. Todavía hay niños que deben nacer, todavía hay sueños que se deben cumplir. Zara nacerá pronto, y seguramente con su nacimiento nacerá en mí la necesidad de verla sonreír. Así que el meteorito puede esperar.

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